Nunca me percaté -en toda su plenitud- de la importancia de la vista, hasta ahora. La razón por la que el blog se quedó un poco estático y empolvado en estas semanas es que tuve una cirugía de la vista para ser libre de los anteojos/lentes de contacto, y estoy atravesando un periodo post-operatorio bastante exigente y molestoso.
De hecho, escribo con un fuerte dolor de cabeza y todavía en un 60% de recuperación. Ya sé, se preguntarán «¿que hacés escribiendo entonces?». Soy caradura y espero que mis amigos no le cuenten a mi madre que posteé algo nuevo [callaaaado nomás].
Sólo una breve reflexión respecto al ojo. Ya habrán escuchado la frase «Todo depende del cristal con que se mire», bueno, les diré que esta última semana mi cristal estuvo un tanto argel conmigo.
Estuve subordinada a mi ojo, este sentido corporal con el que se percibe el mundo. Veía nublado y me sentía frustrada. No podía salir a la luz del sol y me tenía que recluir a la oscuridad de mi habitación [suena muy a cárcel, pero no fue tanto así, jaja]. Me dolían los ojos por el corte de la cirugía, tenía que cerrarlos y eso me obligada a quedarme quieta. No me podía maquillar ni mojar la cara, tenía que ponerme gotas todo el tiempo y otra listita larga de tareas.
Todavía siento que mi cerebro se está acostumbrando a esta nueva graduación. Mi vista enfoca y desenfoca, como el lente de la cámara que busca la nitidez de la imagen. Llegué a la conclusión de que cuando no vemos bien, nuestra percepción de las cosas se altera. Hay que tener los ojos en buen estado. De lo contrario, todo nos parece borroso, nublado, doloroso, sin contorno y no ajustado a la realidad. Con esto me refiero a los ojos físicos y también a los ojos metafóricos del alma.
Y obligada a guardar reposo, tuve mucho tiempo para cerrar los ojos y pensar. No estuve al tanto de las noticias, ni acerqué mi nariz a la computadora -menos a Internet-, no salí, no trabajé, no escribí, no leí, y casi no atendí llamadas -menos mensajes-. Y en medio de toda esa pasividad y quietud, me di cuenta de que:
«No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven» Bill Cosby
Pude reflexionar bastante. Es increíble lo que el silencio [y el sonido de tu split] generan. Puse en pausa mis ojos físicos y le di «play» a los del alma. Tomé apuntes mentales. Hablé mucho con Dios. Compuse como 5 temas en la guitarra [me sentí Andrea Bocelli por momentos, jaja], compartí con mi familia y disfruté de la comida casera como nunca. Me desintoxiqué de la información y de las presiones diarias y cerré los ojos. Ahora que volví al ruedo, admito que se siente bien ver con los ojos físicos, pero aprendí que mientras los tuve cerrados… también vi.
Deja un comentario