Mientras esto termine


Planificamos el 2020 a lo grande, porque no lo vimos venir. No apareció en la matriz de riesgos de ninguna planificación estratégica. Cual ninja sigiloso, entró en nuestro país, en nuestras ciudades, empresas y hogares… hasta que mató planes, uno a uno. Y también vidas. El Covid-19 sigue dejando lecciones a su paso, entre ellas que nuestro futuro es incierto.

“No te jactes del mañana, ya que no sabes lo que el día traerá”, dice Proverbios 27:1. Cuánta sabiduría. Ahora que estamos en pandemia, continuamos diciendo: “Cuando esto termine…”. ¿Tenemos acaso el futuro asegurado? En vez de “cuando esto termine…”, probemos vivir bajo el “mientras esto termine…”. Es todo lo que tenemos. El hoy, 24 horas. Una vuelta de la tierra alrededor de su eje.

“Mañana”, respondemos de vuelta. Entonces empieza la postergación. En Santiago 4:13 encontramos otra exhortación hacia este tipo de mentalidad: “¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma”. 

“Mañana me voy a cuidar”. “Mañana voy a llamar”. “Mañana voy a hacer”. Es bueno ser previsores, tratar de anticipar escenarios y planificar. Pero pretender que tenemos asegurado el futuro es ser necios. Alardear de logros venideros es ser jactanciosos. Y tarde o temprano la vida sabe darnos una lección de humildad (por no decir humillación).

Santiago remata su advertencia y dice: “Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo”. ¿Pensamos que solo la acción ocasiona daños? No. La omisión también. La procrastinación, la demora, el aplazamiento, la tardanza, son todas decisiones a evitar. 

¿Cuántas veces dijimos “mañana lo hago” y pasaron 5, 10, y hasta 20 años? Así funciona la dilación: da la falsa sensación de que tu futuro está asegurado, cuando lo que verdaderamente hace es darle sepulcro a las oportunidades. Muchos de los escenarios que vemos hoy son el resultado de la postergación de años, de cientos de excusas apilonadas bajo la carpeta del “algún día”. 

Problemas externos hay, incluido un virus persistente. Sin embargo, la batalla más importante se pelea internamente. El éxito aterriza en los hogares y las empresas de aquellos que hacen hoy lo que otros están pensando hacer mañana. Son los que escogen como narrativa el “mientras esto termine” y abrazan la humildad, la tenacidad y el sentido de urgencia. 

Es hoy. El cuidado es hoy. No cuando las cosas empeoren. Hacer lo correcto y lo bueno es para este día, no para cuando la pandemia acabe. Aquello que podamos controlar, hagámoslo. Sin retrasos, sin excusas. Si necesitamos reconciliarnos con familiares, si necesitamos darle una vuelta de timón a nuestro emprendimiento, si nuestro cuerpo necesita ser mejor alimentado, si debemos tomar precauciones… entonces es este el día. El mañana no está garantizado. No nos jactemos. Somos niebla.