Publicado en Apuntes de aprendiz

Paciencia, es la primera vez


“Nadie hace algo perfecto la primera vez”, le dijo el abuelo Nishi a la niña Shizuku con respecto al cuento que ella había escrito. Como niña sin experiencia, su texto tenía errores. Quedaba todavía un arduo trabajo de edición para que sus palabras llegasen a su mejor versión, así que el anciano la alentó a no darse por vencida.

Recuerdo haber visto esa escena en “Susurros del corazón” [耳をすませば], una película japonesa producida por el Studio Ghibli, con guion del gran Hayao Miyazaki.

Como todo artista, Miyazaki deja huellas personales en sus creaciones. De hecho, un documental de NHK ha captado su proceso creativo al dibujar storyboards y dar vida a sus ideas. Hace trazos, borra, redibuja, pinta, escribe diálogos, los corrige, arruga los papeles y los tira al suelo; vuelva a empezar, borra, escribe de vuelta, coloca sus dibujos en la pared, los contempla, suspira, sale a pasear, retorna a su estudio, dibuja más, se arrepiente, borra, empieza de nuevo, encuentra la idea, la pule una y otra vez, escena por escena, hasta que termina con magia plasmada en un papel.

Muchos no se enteran de los entretelones, sólo de la obra maestra que llega a la gran pantalla.

La verdad es que la primera vez es difícil. Sea con una actividad o con el desarrollo de una idea. Nos adentramos a terreno desconocido. Oscilamos entre la inseguridad y la valentía. Cuando finalmente nos arriesgamos y ponemos «ahí afuera» el proyecto o ejecutamos el movimiento nos damos cuenta de que tiene fallas.

Lo peor es que muchas veces nos toca «fracasar en público». Nos tienta renunciar y escondernos. Tomamos las falencias temporales propias del amateur como una identidad permanente.

Lo que a mí me ayuda en mi proceso de aprendiz es el siguiente pensamiento:

«La primera vez que haga algo probablemente me saldrá mal. No debo descorazonarme. Me voy a equivocar y me van a criticar por eso. Aún así, debo regresar, porque es en la segunda, tercera y cuarta vez que la magia surge y la excelencia se abre paso».

La primera vez nos raspamos la rodilla, nos perdemos, titulamos mal, somos aburridos, copiamos a otros por inseguros, tocamos la tecla equivocada, somos lentos, tartamudeamos, erramos el tiro, y quemamos la comida.

Paciencia. Igual que Miyazaki, colguemos el storyboard en la pared y miremos qué podemos pulir. Seamos abiertos a los buenos consejeros. Escuchemos sobre nuestros puntos ciegos. Volvamos al lugar y al archivo del error, no para practicar una autopsia condenatoria, sino para tomar una decisión que devuelva la vida al proceso.

El raspón sanará, el error se corregirá, la experiencia nos fortalecerá, la comida tendrá sabor, nuestra creación se llenará de color. Pero para ver eso necesitamos regresar a lo que al inicio nos generó vergüenza y dolor. Porque es en la corrección y la edición donde se forja lo mejor. Ánimo, «nadie hace algo perfecto la primera vez”.

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