Publicado en Apuntes de aprendiz, Películas

Los virtuosos


Una razón más por la que creo en Dios y me río del Big Bang. Al observar a esa gente que domina tan naturalmente un arte o una técnica, no puedo más que maravillarme. Sólo pienso “Nació para esto”. Son dueños de un don|talento que la práctica no consigue ni el dinero compra. Es un regalo de nacimiento, uno que viene en la sangre.

Cuánta belleza y destreza se encuentran repartidas en el mundo. Cuánto virtuosismo. Hay quienes pasan años tratando de desarrollar una habilidad, otros en cuestión de segundos la dominan con una facilidad a-d-m-i-r-a-b-l-e. Son los virtuosos. Los que te motivan a aplaudir al Cielo.

Lastimosamente, varios de ellos se quedaron a mitad de camino y no alcanzaron su pleno potencial porque despreciaron la disciplina. Se creyeron sabelotodo, rehusaron “la partitura” y empezaron a mirar a los demás como inferiores.

Pero qué gran bendición sería que se fusionen el virtuosismo con la disciplina, la inspiración con la transpiración. Y, sobre todo, que ese talento sea usado para el bien.

Mozart y sus "garabatos"

 Escribiendo este post, pensé bastante en David Garret, un joven violinista de procedencia alemana, que me dejó impresionadísima. Tuve la oportunidad de ver por DVD su concierto. Casi me levanté de mi sofá a ovacionar.

Es que no puedo permanecer indiferente ante la belleza que Dios creó, eso me infunde un deleite hasta espiritual. Me fascina ver al que nació para pintar, para hablar, escribir, actuar, bailar, cantar, tallar, dibujar, enseñar y crear con gran dominio y naturalidad. Veo un rasgo de Dios en cada uno de ellos y me da piel de gallina de la emoción.

Ni amebas ni explosión. Ni azar ni evolución de monos. Los virtuosos me hacen amar aún más a ese Alguien que nos pensó con intencionalidad… y a cuya imagen y semejanza estamos hechos.