¿Quién no recuerda la película “Pretty Woman“? Es la que puso en el mapa de Hollywood a Julia Roberts y posicionó como galán a Richard Gere. Bueno, de eso se acuerda la mayoría. Pero yo quiero mirar un poquito más allá de lo evidente y leer entrelíneas.
El 1 de enero tuve la oportunidad de verla nuevamente, pero esta vez en formato VHS, gracias a una amiga que desempolvó literalmente los 200 videos que tenía en algún recoveco de su casa.
Si bien hay varios diálogos que te causan risa [incluyendo la extraña moda de los ’90], personalmente la película me deja este “dramático” mensaje:
A veces lo que vemos de una persona es tan solamente una fachada, sólo la portada, un paramento exterior, en ocasiones engañoso.
La trama es sobre una prostituta que conoce al amor de su vida y es vista por primera vez como la mujer que es y no como objeto de sexo por dinero. Los prejuicios, de a poco, van cayendo. Algunos dirán “Él se enamoró de ella cuando cambió sus botas de callejera por unos zapatos finos”, “Obvio que la miró con otros ojos cuando ella cambió su vestido revelador por uno elegante y modesto; o su peinado a lo Madonna por el de una dama de sociedad”. Pero en realidad, si prestan mucha atención, se darán cuenta de que la parte donde él la miró sostenidamente y fascinado fue cuando ella estaba en una larga bata de baño, con cara lavada, acostada sobre la alfombra, tomando helado, viendo una película clásica y lanzando risotadas espontáneas [como sólo Julia Roberts lo podría hacer]. Es decir, ahí se dio cuenta de que no se trataba sólo de una pretty woman a nivel físico, sino de una pretty woman del corazón. La vio transparente, vio más allá de su trabajo y dejó a un lado su opinión desfavorable previa-a-conocerla-de-verdad. La vio. Y se enamoró.
Si bien considero que en la película hay antivalores también, me quedo con esa enseñanza: hay mucho más allá de la fachada. Eso me lo mostró también la segunda película en VHS que vi, “Sister Act”. Allí las monjas se escandalizan cuando varios jóvenes con tatuajes, piercings y tachas empiezan a atravesar las puertas de la iglesia para escuchar un coro bastante moderno y afinado [encabezado por la Sister Mary Clarence, interpretado por Whoopi Goldberg]; jóvenes que luego las ayudarían en la recaudación de fondos para que el convento sobreviva. En fin… podrían catalogar a este post de ingenuo, ya que se basa en películas. Pero déjenme decirles que la realidad supera ampliamente a la ficción.
Detrás de toda esa maraña de comentarios dañinos de pasillo, de prejuicios y de desconfianza, podrías encontrarte con una bella persona. Seguramente le falta un diente y seguramente es imperfecta. Pero ¿no lo somos todos? ¿Y no merecemos todos una oportunidad?
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