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El león que defiende el bien


Fui al cine a ver la casi-única película en cartelera que vale la inversión en tiempo y en dinero: Robin Hood. Fueron dos horas y media de film; una locomotora de muchos vagones que no se frenó un instante. Esta versión innova porque explica el nacimiento de la leyenda, muestra cómo se gesta un forajido [un outlaw] en tiempos difíciles.

Con un Snickers en la mano izquierda y una Sprite Zeroen la derecha, estaba preparadísima para ver una película de la misma talla de Gladiador, ya que Russell Crowe y Ridley Scott [actor y director] se unían nuevamente para este proyecto. Mantuve la expectativa lo más que pude, hasta que finalmente me resigné: no fue la película que esperaba.

Ahora bien, siempre hay aprendizajes [es cuestión de estar atentos]. Hay una frase en especial que una y otra vez se menciona en la película:

Rise and rise again until lambs become lions

Un intento de traducción sería «Alzaos, alzaos otra vez, hasta que los corderos se conviertan en leones». Y con esto resumo lo que extraje de la película:

→ No hay que someterse a gobernantes déspotas.

→ El mal persiste porque los buenos no hacen nada.

→ Decir que un hombre es un cordero, es llamarlo manso y dócil. Decir que es un león, significa que es audaz, imperioso y valiente.

Dice Deuteronomio 20:8 “Y añadirán los oficiales: Si alguno de ustedes es miedoso o cobarde, que vuelva a su casa, no sea que desanime también a sus hermanos”. Woooow, en otras palabras, que los cobardes se queden a hibernar en sus cómodas casas, no tienen lugar con los valientes. Algo similar a lo que William Wallace [en Corazón Valiente] le dijo a sus pares escoceses antes de entrar en batalla contra el poderoso ejército inglés.

Ay, fight and you may die, run and you’ll live. At least a while. And dying in your beds many years from now, would you be willing to trade all the days from this day to that for one chance, just one chance to come back here and tell our enemies that they may take our lives, but they’ll never take our freedom.

Sencillo: o te volvés a tu casa a envejecer sometido y con la invisible letra escarlata de cobarde, o peleás arriesgando tu vida para ganar tu libertad y proteger tu dignidad. Esta es una de las razones por las que me quito el sombrero con todas las víctimas de la dictadura stronista. Muchos fueron encarcelados, exiliados e incluso asesinados, lucharon a favor de la democracia, de las libertades civiles y de los derechos humanos.

Verán, hay un odio que nos vuelve sanos. Los héroes desarrollan la capacidad de detestar lo que daña al mundo. Aquello que detestamos dice mucho sobre quiénes somos, qué valoramos, qué nos preocupa. Y cómo odiamos dice mucho acerca de cómo tendremos éxito en la vida. Estamos definidos por lo que amamos y por lo que odiamos. Si odiamos la falsedad, entonces queremos diferenciarnos de ella, así que nos movemos hacia lo opuesto, que es ser abiertos y honestos.

Hay que actuar para defender las cosas que amamos. EL ODIO DEL MAL, PROTEGE EL BIEN. Los héroes odian de maneras que resuelven problemas, en lugar de crearlos.

En suma, le doy **Naru’s ½   a Robin Hood, pero atesoro su mensaje: Cuando de proteger el bien se trata, no debemos ser corderos mansos y dóciles, sino leones valientes y forajidos.

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La lealtad de Hachi


No lo esperé venir, honestamente. Puse el DVD y pensé que sería una historia previsible sobre un perro que realiza un acto heroico para salvar a su amo. Pero grande fue mi sorpresa. Corazón Valiente y Patch Adams ostentaban el récord de films que más me hicieron llorar. Jamás me imaginé que una sencilla película sobre la fidelidad de un perro japonés me tocaría una fibra emocional que me tuvo literalmente llorando más de media hora seguida. Terminé rodeada de pañuelitos, con nariz rodolfa-la-rena, congestionada y ojos hinchados de knockout. Menos mal estaba sola.

Se trata de una historia real que ocurrió en el segundo lustro del siglo XX en Japón, aunque la versión que vi fue readaptada al contexto americano [en otras palabras, la yankizaron para que sea comercial]. Estuve pensando nomás, ¿por qué me conmovió tanto? ¿Qué de profundo tenía su mensaje? Bueno, valiéndome de Wikipedia aquí va la historia [y les advierto que ya les maté la película porque les cuento el final, jeje]:

Hachikō, a veces conocido en japonés como ハチ (Hachikō, el perro fiel), era un perro de raza Akita [sí, como mi apellido, jaja] nacido en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate (Prefectura de Akita, Japón). En 1924 fue trasladado a Tokio por su amo,  Eisaburô Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya viajó durante dos días en tren, en una caja. Cuando lo fueron a retirar sirvientes del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.

Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro un vaso con leche, y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las piernas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés) por la similitud con el Kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (ハ). En otras palabras, el perro era chueco, jajajajaja.

Al comienzo, Hachi iba a ser regalado a la hija del profesor, pero ésta se casó, así que el profesor pronto se re encariñó con el perro. Hachi se despedía todos los días desde la puerta principal cuando el Dr. Ueno iba al trabajo , y le recibía al final del día en la estación de Shibuya. Hasta ahí era medio kaigüe la película, pero aquí se pone interesante:

El Dr. Ueno muere sorpresivamente en mayo de 1925. Pero Hachi volvió CADA DÍA a la estación a esperarle, y lo hizo durante DIEZ AÑOS, hasta su propia muerte.

La devoción que Hachi sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, que lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachi estuvo presente el día que se presentó la estatua.

Hachi murió de causas naturales en marzo de 1935.

Bueno, contándolo por escrito no es tan emocionante como ver la película. Aún así, ver la fidelidad y la lealtad del perro que volvía -con lluvia, frío, nieve, calor, hambre- todos los días a las 5pm a la estación de tren a esperar a su amo fallecido, me emocionó.

Casi al final, se muestra a un Hachi viejo, canoso, de lento caminar, que se coloca frente a la puerta de la estación [donde por 10 años fue su lugar de espera] y se acuesta por última vez… para morir. Y morir fiel.

Cada uno de nosotros tiene en alta estima algún valor o principio. Para mí es la fidelidad.

La gente en la actualidad tira demasiado rápido la toalla y se da por vencida ni bien las cosas se ponen un poco difíciles. Tomemos un ejemplo: la mayoría de los matrimonios no pasan los 10 años.  ¿Y por qué hay que poner todo por escrito hoy en día? Porque las promesas de palabra son rotas al dos por tres.

La fidelidad es la virtud de dar cumplimiento a las promesas. Es decidir hoy lo que vas a hacer más adelante, sin importar las circunstancias. Es la capacidad de no engañar a los demás, de no traicionar bajo ningún precio lo que se cree. Es la perseverancia de fierro.

La película metió el dedo en la llaga: hasta un perro es más fiel que un ser humano a veces.

PD: Pese a haberles arruinado el final, les recomiendo ver «Hachikō«. Y tengan un kleenex a mano.