No entraré en detalles sobre la performance de la selección, todos la conocemos. Porque la hemos vivido, la hemos leído, la hemos comentado en CADA DESAYUNO, ALMUERZO, CENA Y MERIENDA, la hemos aplaudido y finalmente… la hemos llorado. De lo que sí quiero hablarles es del mensaje que nos dejó este equipo.
Luego de un hermoso sueño de casi 1 mes [con una fantástica campaña de 4 años como preámbulo], volvimos a despertarnos, y de un sacudón. Hoy lunes nos cacheteó la realidad: la selección paraguaya quedó eliminada del Mundial de fútbol, a tan sólo un paso de estar entre las 4 mejores del mundo… ¡del mundo! Desazón, ya lo sé.
Era tan emocionante ver el Norte, Sur, Este y Oeste de Paraguay vestidos de la tricolor. Desde los almacenes, autos/motos/camiones, empresas, instituciones, balcones, ¡¡¡hasta el panchero de la esquina!!! Todos para uno y uno para todos.
Era por momentos reconfortante [y escapista, cierto] no pensar en el EPP; ni en los accidentes nocturnos que derivan a Emergencias Médicas; ni en el crack que está literalmente quemando el cerebro a muchos de nuestros niños y jóvenes; ni en los papelones de ciertos diputados y senadores en el Congreso Nacional; ni en la creciente inseguridad; ni en la corrupción de las empresas estatales; el juicio político a Bajac; la huelga de la FEP; el proselitismo de los intendentables; el contrabando y el narcotráfico…
Por varias semanas, parecíamos hasta ignorantes de lo que ocurría en el ámbito fuera del deportivo. Mi mamá [quien no es muy avezada en fútbol] sabía al dedillo la formación de Paraguay, de motus propio sintonizaba todos los programas deportivos y estaba al día con las informaciones, incluidas las de otras selecciones. In-creíble. Se iba a enseñar [porque es docente] con la remera de la Albirroja, un gorrito tricolor y por poco con una bandera de Paraguay atada al cuello. Me gritaba ansiosa desde su habitación cuando escuchaba comentarios positivos de la selección. En más de una ocasión la encontré con lágrimas en sus ojos, de la felicidad.
De pronto, el nombre de Paraguay toma un giro hacia la excelencia en la opinión pública internacional.
Lo escribió Pepa Kostianovsky en el ABC Color de ayer. Le doy ***** Naru’s a esta frase.
Supongo que, por ser de una generación anterior mamá ya vivió varias etapas, a ella todo esto le afectó de una forma distinta. Como escasas veces ocurre, escucha el nombre de su país apegado al elogio, a la excelencia, a lo destacable. Y eso no es poca cosa para un/a paraguayo/a que casi ya se acostumbró a ser noticia por tener a su país como nº 1 del top ten de la corrupción, del analfabetismo, del país con menos acceso a Internet, del contrabando. No es poca cosa para los compatriotas cuyos bisabuelos, abuelos y padres repetían como loritos «Y así nomás luego es».
¡Basta!, nos dejó como mensaje implícito esta selección. La excelencia es posible para nuestro país. No tenemos ningún hueso roto en la nuca como para andar cabizbajos delante de lo foráneo. Aunque una y otra vez escriban y expresen: «No pueden. No pueden». Sí, podemos.
Por eso las tapas de los diarios no titularon «Fracaso», ni «Decepción», sino «Héroes» y «Orgullosos». Por eso la gente recibió a las 3AM en el aeropuerto a los jugadores con una ovación. El equipo del Tata Martino nos dio motivo para estar orgullosos y erguidos, no se achicaron frente a los Goliats futbolísticos, no temblaron en tierra de gigantes.
¿Y qué es la excelencia? Es la calidad superior que hace digno de singular aprecio y estimación algo o alguien.
Bien Paraguay, sos digno de aprecio y estimación. Siempre lo fuiste, sólo que ahora, en al menos una faceta tuya, lograste sacudirte de un destino negro que te marcaron y demostraste que aunque seas pequeño en la geografía, sos GRANDE.
Ahora espero que la tricolor siga flameando, que el patriotismo se contagie, que la unidad se fortalezca, que la excelencia de la selección sea transversal a todos los ámbitos.
Y aunque la realidad nos haya despertado del sueño mundialista, seguiremos creyendo que «vienen buenos tiempos y los malos ya se van». Me despido nuevamente con Pepa, me emociona:
De pronto, el nombre de Paraguay toma un giro hacia la excelencia…